Espacio liminal: el incómodo lugar donde todo empieza a cambiar

Espacio liminal: el incómodo lugar donde todo empieza a cambiar

El espacio liminal es un estado de transición, un verdadero “umbral” —del latín limen— entre una etapa que ya quedó atrás y otra que todavía no termina de tomar forma. No es el antes, tampoco el después. Es el medio. Un momento en el que una identidad se deja, pero la nueva aún no se consolida. Un estado transitorio, una sala de espera, un “todavía no”.

Este espacio suele incomodar porque no ofrece recompensas inmediatas. No hay aplausos, no hay resultados visibles ni una sensación clara de logro. Desde afuera, parece que nada está pasando. Por eso muchas personas deciden volver atrás, no porque no puedan avanzar, sino porque no saben que este tramo incierto también forma parte del proceso.

Aunque la biología no utiliza el término “espacio liminal” de manera formal, sí describe fenómenos muy similares: fases de transición entre dos equilibrios, momentos en los que el sistema parece inestable antes de reorganizarse. Es justamente en ese desorden aparente donde ocurre el verdadero cambio.

Si este comienzo de año te encuentra en transición, hay claves que pueden ayudarte a atravesar este “mientras tanto” sin abandonarlo. No apurar resultados es fundamental: el cuerpo y la mente necesitan tiempo para reorganizar hábitos, emociones y sistemas internos. Tampoco conviene interpretar la incomodidad como un error; muchas veces es señal de ajuste, no de fracaso.

Sostener lo básico —descanso, alimentación, movimiento y escucha corporal— es lo que más acompaña en estos períodos. Medir el progreso de otra forma, como tener más energía, un mejor vínculo con uno mismo o menos autoexigencia, también es avanzar. El espacio liminal no se supera forzando, sino quedándose. Porque transformarse implica, primero, aprender a habitar la espera.

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