Clean look vs. anti-clean

Clean look vs. anti-clean

En el mundo del maquillaje, hoy conviven dos tendencias aparentemente opuestas que generan debate y, al mismo tiempo, inspiran creatividad: el clean look y el anti-clean. Esta dualidad responde a una regla que se repite en la moda y la belleza: cuando un estilo se vuelve dominante, prolongado en el tiempo y casi un concepto de vida, surge una contratendencia que viene a romperlo y a proponer todo lo contrario.

El clean look apuesta por una belleza natural, fresca y pulida. La piel es la gran protagonista: luminosa, hidratada y uniforme, con un acabado jugoso y sin exceso de cobertura. Predominan los tonos neutros, melocotón y rosados suaves, acompañados de cejas laminadas o peinadas hacia arriba, mejillas delicadamente sonrosadas y labios con brillo o bálsamo. Su filosofía se basa en resaltar las facciones de manera minimalista, transmitiendo sofisticación, limpieza y un lujo silencioso.

En contraposición, el anti-clean look celebra la rebeldía y la expresión individual. La piel puede lucir más pálida o con un acabado mate, mientras que los colores se vuelven intensos, oscuros y fríos. Los ojos ahumados, dramáticos y a veces desordenados, conviven con cejas menos definidas, abundante rubor y labios mordidos, poco precisos pero de tonos fuertes. Aquí, la imperfección se convierte en protagonista y se desafía la idea de perfección impuesta.

En definitiva, ambos estilos pueden convivir, mezclarse o alternarse según el estado de ánimo. Si el clean es minimalismo, elegancia y perfección, y el grunge es exceso consciente y contraste, la fusión de ambos se traduce en un nuevo concepto: clean + statement.

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